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El Camino de Santiago es un conjunto de rutas de peregrinación de origen medieval que y todas ellas tienen algo en común, se dirigen hacia la tumba de Santiago Apóstol situada en la Catedral de Santiago de Compostela.

Pero ¿Quién era Santiago Apóstol?

SANTIAGO APOSTOL 

Santiago Apóstol también llamado Santiago el Mayor (En contraposición al otro Apóstol Santiago el Menor) fue uno de los doce apóstoles de Jesucristo. 

Hijo de Zebedeo y Salomé y hermano mayor del apóstol Juan nació en Betsaida.
Proveniente de una familia humilde, se dedicaba a la pesca junto con su hermano en la ciudad de Cafarnaún (Galilea, hoy Israel) donde ambos fueron llamados por Jesucristo para formar parte de su reducido grupo de doce apóstoles, al igual que otros pescadores de la zona. 

 Santiago se convierte en uno de los más cercanos Jesús, junto con Juan y Pedro, participando en dos momentos claves como la transfiguración en el monte Tabor o la oración en el huerto de los olivos.

La pasión y la valentía que demuestra Santiago, le hace merecedor del sobrenombre del “hijo del trueno”, otorgado por el propio Jesús. 

Tras la muerte de Jesucristo, Santiago formó parte del grupo inicial de la Iglesia primitiva de Jerusalén y, en su labor evangelizadora, se le adjudicó, según las tradiciones medievales, el territorio peninsular español, concretamente la región del noroeste, conocida entonces como Gallaecia. 

Tras la misión evangelizadora, Santiago regresa a Jerusalén, según los textos apócrifos, para, junto a los grandes discípulos de Jesús, acompañar a la Virgen en su lecho de muerte. 

Allí fue torturado y decapitado en el año 42 por orden de Herodes Agripa I, rey de Judea. Los testamentos relatan que, antes de morir, María recibió la visita de Jesús resucitado, a quién le pidió pasar sus últimos días rodeada de los apóstoles, que se encontraban dispersos por todo el mundo.

Su hijo le permite que sea ella misma, a través de apariciones milagrosas, la que avise a los discípulos y, de esta forma, la Virgen se hace presente sobre un pilar de Zaragoza frente al apóstol Santiago y los siete varones, episodio hoy venerado en la basílica de Nuestra Señora del Pilar. 

LLEGADA DE LOS RESTOS DEL APÓSTOL A SANTIAGO DE COMPOSTELA

Desobedeciendo la orden del rey de dar sepultura a Santiago, sus discípulos, Teodoro y Atanasio, deciden recoger su cuerpo y escapar en una barca de piedra hasta llegar a la costa norte de Gallaecia (Galicia) y remontar el río Ulla.

Esto se conoce como Translatio, que cada 31 de diciembre se recrea en la Catedral de Santiago. Este viaje les llevaría hasta  Finis Terrae (actual Finisterre) y más tarde al puerto de Iria Flavia (cerca del actual Padrón). 

En esos momentos Iria Flavia estaba gobernada por la reina pagana Lupa. Una de las leyendas más conocidas es la de los bueyes solicitados por los discípulos a la reina para transportar el cuerpo. Para impedir sus planes, la reina les dejó unos bueyes salvajes, y mediante la oración, los discípulos consiguieron amansarlos y proseguir con su viaje. 

Cuenta la leyenda que son los propios bueyes los que deciden finalmente el lugar del enterramiento de Santiago. Sería en una zona cercana a la fuente en la que se pararon a beber y que hoy en día se conserva en la Rúa do Franco de Santiago, a apenas 100 metros de la Catedral y de la Plaza del Obradoiro. 

A su muerte, ambos discípulos fueron enterrados junto a los de su señor y la tumba quedó en el olvido durante siglos 

DESCUBRIMIENTO DEL SEPULCRO 

Pasarían ocho siglos hasta que los restos del Apóstol fueron encontrados por un humilde ermitaño llamado Pelayo que vivía en el monte Libredón. 

Unas estrellas y destellos luminosos señalaban a Pelayo un lugar concreto, tras ver este fenómeno varias noches, este decidió contárselo al obispo de Iria Flavia. Ambos decidieron acercarse al lugar donde descubrieron un sarcófago con tres cuerpos.

El obispo Teodomino enseguida se dio cuenta de que habían encontrado la tumba del Apóstol. 

Ante tal hallazgo, Teodomiro decide visitar al monarca Alfonso II, el Casto, quien decide trasladarse personalmente para verlo. Así, el rey Alfonso II se convierte en el primer peregrino de la Historia y, su recorrido entre Oviedo y la tumba del Apóstol, en la primera Ruta Jacobea, la que hoy conocemos como Camino Primitivo. 

Es Alfonso II quien mandará construir un templo para albergar los restos del Apóstol, este será el inicio de lo que hoy es la Catedral de Santiago y de la conformación del ‘Campus Stellae’, la actual Santiago de Compostela. 

INICIOS DE LA PEREGRINACIÓN 

La noticia del descubrimiento de la tumba del apóstol no tardaría en extenderse por Europa durante la Edad media, lo que daría lugar a una peregrinación masiva, alcanzando así, Santiago de Compostela, la categoría de gran centro de Peregrinación junto a Jerusalén y Roma. 

Esta ola de peregrinos hizo necesaria la construcción de diversas infraestructuras a lo largo del camino, como iglesias, hospitales y posadas para facilitar el peregrinaje. La marea de peregrinos era tal, que algunos años superaban en número a la población de las principales ciudades del Camino. 

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A principios del siglo XI, durante la Reconquista, Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León deciden que la principal ruta de peregrinación discurra por las tierras que estaban siendo reconquistadas. Este nuevo Camino, conocido hoy como el Camino Francés, además de ruta de peregrinación, se convierte en un torrente de cultura, arte, comercio y repobladores, que llegan de toda Europa.  

Este camino se popularizó aún más cuando el monje Aymeric Picaud crea el códice Calixtino, una auténtica guía para el peregrino detallando en sus escritos información útil sobre alojamientos, templos, gastronomía, cultura, costumbres del lugar, etc. 

No todas las épocas fueron igual de grandiosas, a partir del siglo XVI, la cifra se reduce y cae casi hasta su desaparición tras la desamortización de Mendizábal.
Algunos años, los peregrinos se podían contar con los dedos de las manos. 

RESURGIMIENTO DEL CAMINO 

Es a mediados del siglo XX cuando resurge el interés por el Camino, gracias al empeño de anónimos amantes del Camino, un nuevo interés de las administraciones, las visitas del Papa a Santiago en los años ochenta, el desarrollo de múltiples asociaciones y cofradías y la declaración de Patrimonio de la Humanidad en 1987, el camino resurgió de sus cenizas hasta convertirse en la peregrinación más importante del mundo occidental.

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